viernes, 28 de agosto de 2020

PAREN EL MUNDO QUE YO ME BAJO

  



Hace unos años soñé que estallaba la guerra. Pero ésta, era distinta a todas las demás guerras que se habían vivido hasta ese momento. Su peculiaridad residía en que era una guerra de la gente. Uno caminaba por la calle con miedo porque no sabía quien podía sacar un puñal y acabar con tu vida. Cualquiera podía ser tu enemigo.

Si cambiamos puñales por insultos tenemos nuestra realidad actual.

como Sartre diría “ El infierno son los otros”.

¿Estamos dispuestos a ser medidos con la vara de medir con la que medimos a los demás? Porque si exijo libertad pero censuro me convierto en censura, si deseo que me acepten pero juzgo entonces me convierto en juicio. Todo el mundo cree tener una justificación para agraviar al prójimo. Y así estamos, ofendiéndonos, defendiéndonos y atacándonos.

Temor a enfermar, temor a sentirse vetados, temor de la verdad, temor a que nos engañen, temor a no poder llegar a fin de mes, temor a intereses ocultos que no vemos, temor a la ignorancia. En resumidas cuentas, temor a los otros. Y todos con un mismo denominador común, unidos por un mismo vínculo...el miedo.

Me gustaría hacer una llamada a la compasión y a la empatía.

Por mi profesión pertenezco a un colectivo que predica el amor y la paz como forma de vida. Pero últimamente también en él encuentro división y miedo. Hace unos días un amigo muy querido eliminó un comentario que le hice en una red social pidiéndole mesura.

También he visto gente que se considera de ciencia defender discursos viscerales, cargados de odio y de ira.

Que no se nos olvide que “la gente”, “los otros” somos nos-otros, que somos gotas de un mismo mar y reflejo de un mismo espejo.

Me gustaría que sacásemos algo positivo de esta situación. Que aprendamos a opinar sin discutir, expresar sin miedo, discrepar desde el respeto y humildad. Saber que si uno no es perfecto tampoco lo pueden ser sus opiniones.

Por cierto, mi sueño concluía mostrándome un anillo en mi dedo. Tenía una bonita gema roja en el centro con forma de corazón. Una voz me decía que si me enfoca en sentir el anillo corazón me salvaría.

Pues lo dicho... que el corazón sea nuestra ancla.